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Olaf-alejandro-bergengruen.de

Capitulo 3
3.1 Inicio mi segundo ciclo de quimioterapia
Estoy en mi cama en el hospital en la habitación 76 de la estación 3/5. Estoy contento de tener un vecino agradable, Michael, aunque está en muy mal estado físico. Y también estoy contento que la TV no esté encendida, ese era un problema que me preocupaba, un problema incomprensible para muchos.
Christiane llega fresca y contenta, y ya su aspecto y su risa cristalina del mundo de los sanos. Me trae además un excelente jugo de frutas y me cuenta que estuvo charlando con el frutero y dos clientes más sobre la procedencia de la fruta, fruta ecológica, los problemas de los pequeños productores, y sobre la globalización de la fruta. La compra de ese jugo de frutas ya tiene una pequeña historia.
Mientras esperamos al médico trato de conectar mi laptop al Internet, que es mi contacto con el mundo, pero no lo logro. Hacemos unas llamadas y contactamos al técnico responsable. Le cuento que tengo el cable del modem conectado a mi laptop pero que no entra en el enchufe del teléfono en la pared. -¡Ah no, olvídese! En este hospital no va a conseguir nunca el enchufe adecuado. Imagínese: yo que soy el responsable tampoco lo logro-, me dice el técnico, -Aha-, digo yo, -Usted no puede cambiar el mundo y menos este hospital-, me dice -pero lo que sí puede hacer es adaptar su conector-, -Aha-, repito yo -¿me está hablando filosóficamente? -No, bien prácticamente.-, me contesta, -Con una lima o con algo cortante puede modificar la tercera patita, esa que es más ancha, y hacerla exactamente del tamaño de las demás, más o menos 1mm de cada lado, y listo el pollo.
¡Pero por favor no comente este secreto con las enfermeras! Ya tengo bastantes problemitas con esos angelitos de blanco.-, me dice, -Voy probar su sugerencia, gracias-, me despido poco convencido de ese 'pollo'. Christiane consigue un cuchillo y yo me pongo a serruchar el conector de mi cable. Finalmente lo puedo enchufar, activo el programa de conexión de mi laptop, y no lo puedo creer, me conecto sin ningún problema al Internet y al servidor de mails. Estoy contento como un niño.
Paso mal la noche. Los cuatro litros de agua que fluyen continuamente más Lasix, un medicamento que acelera notablemente la eliminación de agua acumulada en los tejidos, me hacen difíciles las horas de la noche. Tengo dolores de cabeza, dificultad de respiración y sobre todo cada diez minutos tengo que levantarme apresuradamente y arrastrando el infusomat con las infusiones colgando para ir al baño a orinar. No tengo ningún control sobre mis funciones urinarias, al contrario, ellas me controlan a mi. Además no me puedo tranquilizar porque mi vecino tiene realmente dificultades de respiración y lucha con desesperación por cada bocanada de aire. Más tarde, tarde en la noche, cuando escribo estas líneas y escucho Glenn Gould en mi MP3-player, veo a mi pobre vecino, que es un señor de edad, como se incorpora para defecar indignamente en un tacho sobre su cama.
Él está muy débil para ir al baño.
3.2. En la peluquería y la pregunta del peluquero
Los cabellos se me caen definitivamente, la cama y la almohada está llena de pelos que es un asco, las enfermeras me aconsejan raparme la cabeza en la peluquería del hospital. Son las nueve de la mañana, me duché, tomé el desayuno y me siento relativamente fresco y con energías. Me visto y voy a la peluquería del hospital. Le pregunto a la peluquera si me puede rapar los pocos pelos que tengo y me dice -No, una clienta viene en 5 minutos-, - Pero mi corte a máquina demorará unos 5 minutos y su clienta que viene no le molestará nada esperar unos minutos, si aquí estamos esperando todo el día de todas maneras -, le digo yo. Me mira enojada y me contesta algo que no entiendo y me dice que tengo que pedir una cita. Le digo que yo no estoy libre de arreglar citas, que en el momento que me ponen las infusiones ya no soy libre. Pienso en algo obscenos para decirle a esa gorda estúpida, pero claro, como amable ciudadano europeo, no digo nada.
Salgo entonces a la calle y encuentro una peluquería abierta cerca del Max-Weber-Platz.
-Sí-, me dice el peluquero, -lo rapo al instante, le corto a 2mm. 2mm queda mejor que 0mm, así tiene una cierta protección para la cabeza ahora que es invierno-, me dice, - okay-, digo yo. Toma su máquina y empieza a pasar su máquina, pero de pronto dice -no, esto es un mamarracho, parece el planeta Marte con todos esas zonas completamente peladas y otras con tres pelos locos. No, lo rapo con 0 mm para que quede más prolijo-, - okay-, digo yo, -bien no va a quedar, pero mejor que el mamarracho que tiene ahora-, - Mientras pasa su máquina. Me pregunta, -¿Cáncer?-, -Sí-, -¿Maligno?, -Sí-, -¿Quimio?-, - Sí-, -¿Tiene usted culpa propia?-, -Qué!?-, -Pregunto, si usted podría haber evitado su enfermedad-, -ehh.-, empiezo a contestar algo - Y voilá, su corte está listo, son 6 euros -, me dice antes de que pudiera contestar algo y trae su espejo para mostrarme los costados.
Estoy horrorizado de verme con esa cabeza de huevo y le digo -Bonito no me queda este corte-, -No se haga problema por la belleza, que cuando vino con esa cabeza de marciano, se veía peor todavía, y además usted tiene ahora otros problemas de qué preocuparse-. En ese momento pienso que a Christiane ya se le va a ocurrir algo que ponerme sobre la pelada para que parezca un ser más civilizado.
Al volver al hospital me llama la atención que nadie me mire extrañado y con asco por mi pelada con forma de huevo. Claro que no, si tengo me campera puesta y mi gorra que me había regalado Sabine también, así que nadie puede notar la diferencia. ¡Qué bueno que es Camino muy despacio y pienso sobre la pregunta del peluquero, si tengo 'culpa propia' de tener cáncer, y lo que escribe Simonton que el 'cáncer es un mensaje de amor de tu cuerpo', pero qué ridículo!, me digo. Igualmente me queda la duda de si mi tumor es simplemente un accidente estadístico en el proceso de reproducción de las células, un accidente de mutación que mi sistema inmune no puede defender, o si hay una componente sicosomática, algo que mi mente, mi espíritu no pudo defender. ¿O es mi cáncer un enviado divino, que según el pensamiento budista me obliga a darme vuelta y enfrentar mi propia calavera para luego emprender otro camino? Estoy por cruzar la Ismaningerstraße ensimismado en estos pensamientos y no me doy cuenta que el semáforo está en verde. Un señor de entradas edades toca impaciente el timbre de su bicicleta, -Jóven, el semáforo no se va a poner más verde de lo que está-. Le hago lugar, interrumpo mis pensamientos y cruzo la Ismaningerstraße.
Al mediodía, en el medio de la quimioterapia llega Christiane con un lindo quepis para mi pelada, además de el ya obligatorio jugo de frutas de la frutería frente al hospital. No sé cómo supo que era justamente lo que necesitaba.
Christiane me cuenta que habló con Christian sobre el gran conflicto que tuvimos. Fue más bien un monólogo, pero que Christian escuchó atentamente. Al final Christiane le pregunta -¿Hay algo especial que te de pena que haya pasado?-, -Sí, que Dad me insultó y me pegó en la cara, y que yo le dije que se muera si quería, que me daba lo mismo. Y haberlos visto a ustedes dos tan juntos, abrazados diciéndome que me vaya-. Sí, pienso yo, todo eso me 3.3 Buenos días, señores
-¡Buenos días, señores! No se molesten en levantarse-, grita una enfermera a las 7:00, enciende todas las luces y entra tirando su carrito con sus actas y medicamentos, y además una silla balanza. -¿Defecación?-, -No-, -¿Fiebre en la noche?-, -No-, -¡Siéntese en la balanza, Sr. B.!-, -¡A las ordenes!-, le contesto, me levanto raudamente y me siento en su balanza, -¡No, todavía no!, ¿o cree que la balanza se ajusta automáticamente?-, y ajusta la balanza, -Ahora sí se puede sentar. ¡Levante los pies y póngalos en el soporte, que aquí pesamos el cuerpo completo incluyendo las piernas! ¡No, saque los pies! ¡Primero quítese las sandalias, de lo contrario pesamos 500g más y le doy doble porción de Lassix, y usted ya sabe lo que eso significa: se pasa el día meando!- Ella anota mi peso, 87,5 kilos.
Hoy de mañana me siento bien, me alegro de antemano por la ducha, por el desayuno, por mi paseo por el Englischer Garten, todo eso si puedo negociar con la enfermera-generala que me de un tiempo libre antes de empezar con las infusiones de la quimio en la mañana.
Un lindo día hace hoy. Disfruto el aire fresco y limpio, todo está tan tranquilo, es sábado y todavía no son las ocho de la mañana. Camino hasta la Prinzregentenstraße y veo al dorado Friedensengel, el ángel de la paz. Camino hacia él como esperando su bendición. Llego al río Isar ensimismado en mis pensamientos el río Isar. Al dar la vuelta levanto la cabeza y un rayo de sol reflejado en la mano del ángel dorado me da en la cara. Me emociona este detalle, he recibido mi bendición del sol saliente.
A las 9:30 viene la médica, que me había dado la bienvenida, por así decirlo, el primer día con su -¿Todo claro? ¿Me entiende?-. Yo no estaba ahora en disposición de hablar sobre mi caso con ella y digo -No tengo nada nuevo que comentar-, -Bien, eso quiere decir que todo está yendo de maravillas.-, me dice, - Empezamos entonces ahora con la quimioterapia de hoy-, prepara las infusiones, ajusta el Infosumat, -voilá, la quimio corre-, me dice. Antes de irse me dice, -Ya sé, más lindo sería estar en su casa desayunando con su familia, pero recuerde, Sr. B., todo esto en algún momento va a pasar-, me sonríe y me toca la pierna .
Es increíble el efecto de esa caricia: de pronto sentí una inmensa simpatía por la bella doctorcita, aquella que antes era para mí una arrogante flaca de mierda.
Más tarde, mientras todavía corre la quimio, viene Christiane muy excitada con una conversación que tuvo con mis padres. Ellos reciben informaciones por diferentes caminos, por mis hermanos, amigos, entienden lo que quieren y lo que pueden. Cada uno desvirtúa a su modo la realidad. El cuadro final que ellas se construyen es contradictorio y poco tiene Mi padre la había llamado desde el Uruguay. -¡Un cuadro objetivo, real y sucinto!-, grita mi padre en la línea telefónica. A Christiane le llama la atención y le enoja sobremanera el tono de comandante. Christiane le transmite entonces una versión sucinta de mi situación, y Mi madre está muy insegura de si venir a Alemania o no. Algunos amigos le dicen -,Angy, si él fuera mi hijo, yo estaría inmediatamente al pie del cañón en el hospital, independientemente si él quiere o no, al fin y al cabo tú eres la madre y él el hijo. ¡Las cosas en su lugar!-, y otros le dicen - Angy, ¡déjalo tranquilo que está en buenas manos! Si vas llevándole tu angustia, más confusión e intranquilidad le vas a crear, cuando ahora lo que él necesita es confianza y tranquilidad.-.
Después que Christiane se va del hospital, le escribo a mi madre un mail desde mi cama mientras la eterna quimio sigue corriendo: Acaba de venir Christiane a visitarme a mi cama en el hospital con su jugo de frutas que compra en el camino (dice que dicen que necesito vitamina C). No sé si recibiste un mail que escribí hacen dos días.
Christiane me comunicó que estás con algunas dudas de si venir a Alemania o no. Mi honesta opinión es que prefiero que no vengas. Por varias razones: 1. Los hospitales alemanes no están preparados para recibir mamás latinoamericanas, 2. No sé dónde podrías vivir, las viviendas son muy chicas aquí, bueno, pero ese no sería mi problema, 3.
Tu soberana presencia me pondría en estrés, por nuestras discusiones aquí, los consejos que continuamente me vas a dar. Y pienso que si Dios quiere, iré a mediados de año al Uruguay, como dice Papá, a mi propiedad, y ahí sí me gustaría que me acompañes, los días que puedas y no tengas clases o consultas o exámenes, 4. Y finalmente el problema financiero: sos un mamá muy cara, que le gusta viajar en business, que compra en las mejores casas, en Harrods, en La Fayette, y en Munich comprarás tus 'cositas y regalitos' en Beck y en Dallmayer. Pero como tú sabés, no estoy trabajando y no quiero tener Espero entonces que entiendas, un beso, y gracias, De noche duermo mal. Mi vecino, Michael, está muy mal: vomita, defeca en la misma vasija (en esos momentos oigo música por mis auriculares a todo volumen y me tapo la cabeza con un libro, en estas habitaciones y en estas situaciones no hay intimidad). Michael, tiene dificultades de respirar, no se puede mover, hacen semanas que no come, está alimentado por infusiones. Michael mira TV a todo volumen, series de cocineros famosos cocinando gansos y faisanes para las fiestas del 31. No entiendo que se someta a la tortura de ver esos programas con el hambre y las ganas de masticar carne que tiene. A las 23 hs, cuando finalmente apagan las luces y la TV trato de dormir, pero tampoco puedo. Michael se despierta continuamente, se sienta en su cama y suspira, trata de sacar algo de sus cajoncitos, se le cae el contenido al suelo, a las 3 de la mañana pide disculpas y empieza a afeitarse con una máquina eléctrica, dice que es lo único que puede hacer: mover las manos y la cabeza. Y quiere estar presentable para cuando venga su mujer, y quizás su hija, mañana que es el 31 de diciembre. Me da mucha tristeza su situación.
3.4 De mañana
Hoy es fin de año. Estuve caminado hoy temprano, a las 7:30 después de que me desconectaron de las infusiones e hice nuevamente el camino hasta el Friedensengel y al río Isar. Mirando las frías aguas correr me pregunto si en caso extremo me podría tirar al río. ¡No, de ninguna manera! Basta con que piense en lo fría que debe estar esa agua que viene de los Alpes. No, no tengo el valor, y además si acaeciera ese caso extremo seguramente no podría llegar por mis medios al puente en la Prinzregentenstraße.
Después de mandarle mis saludos al Friedenengel, el Ángel de la Paz, vuelvo con paso lente a que me encadenen de nuevo para empezar con la quimio del día.
En la cama del hospital, mientras espero al médico de turno que venga con sus botellitas de distintos colores me pregunto que pasará hoy, el último día del año. Siempre pasa algo, de eso sí hay seguridad. Sé que por lo menos Christiane va a venir con su frescura, su jugo de frutas, sus noticias de lo que pasa en el otro mundo, el mundo de los sanos .
En la entrevista matutina, oigo la conversación de Michael, mi compañero de habitación, con la médica responsable, que es la bella doctorcita. Ella no sabe cómo hablar con él ni tampoco parece tener interés y seguramente está apurada hoy de mañana con todo lo que tiene que hacer antes de poder irse a prepararse para las fiestas. -Usted y su ciencia médica ya nada pueden ofrecerme. Hacen semanas que estoy atado a esta cama, alimentado artificialmente y no mejoro-, dice Michael, -Los análisis están en general en orden, son relativamente buenos resultados-, dice ella, -Eso me lo dicen todas las veces que hablo con ustedes, los médicos-, -¿Y qué quiere usted de mi?-, le pregunta la médica un poco impaciente, -¡Que me cure, que finalmente me cure de este maldito cáncer!-, -No, eso no puedo-, dice la doctorcita, -Por lo menos que me alivie mis problemas respiratorios, para que por lo menos pueda dormir unas horas-, le dice mi vecino, -Como dije, los análisis están en orden. ¿Sabe? Los problemas respiratorios pueden muy bien ser sicológicos, y eso también se puede tratar, pero no es nuestro campo aquí en oncología. Para eso debería consultar a un sicoterapeuta, quizás su mujer se pueda ocupar de ella. Mañana continuamos con el tratamiento, con la diálisis-, termina ella, -Eso no me sirve de nada, sólo hace continuar mi sufrimiento-, dice mi vecino.
Yo pienso nuevamente en el Misterio del Sufrimiento, en el Mal en el mundo, que es un tema que supera mis capacidades. Y pienso que si hay un Dios Creador, en esto hizo las cosas mal, o más bien no hay tal Dios. ¡Pero esto ya lo pensé muchas veces! Espero no repetirme demasiado en estas memorias. Pienso en la posición de Yalom/Schopenhauer y sus pensamientos me tranquilizan de alguna manera: Nosotros somos una pequeñísima parte del universo, y este universo no se interesa por nuestros sufrimientos ni por nuestra moral. Son otras las reglas de juego. Buscar un sentido aquí no lleva a nada. Pienso también en el simbolismo de la religión hindú con el dios Brahma, el creador, y el dios Shiva, el destructor. Sí, esto parece ser una ley universal: estas dos fuerzas están en un extraño equilibrio, en el cuerpo a nivel de las células, en mi tumor, en la mente a nivel de pensamientos y emociones, en el desarrollo de un ser humano, de sus es, y finalmente en el desarrollo de la humanidad y del mundo. ¿Será el Holocausto una especie de cáncer en el mundo explicable por un desequilibrio de estas fuerzas? Pasa la doctorcita y me dice -En su caso me imagino que no hay nada nuevo-, y antes de que pueda contestar sonríe y agrega, -¡Feliz año nuevo, y no esté tan serio rumiando sus pensamientos!-.
3.5 31 de tarde
Llega Christiane, excitada, porque este problema que estamos pasando tiene repercusiones en el sistema familia, amigos, etc. Se abren nuevos caminos de comunicación, se cierran A las 18:30hs le pido a la enfermera-jefa que me liberen de mis cables para poder caminar un poco con Christiane y luego seguiremos con las botellitas.Christiane y yo vamos entonces a la capillita evangélica del hospital dónde iba a tener lugar una pequeña celebración de fin de año. Éramos los únicos feligreses en la capillita, pero todavía faltaban diez minutos para las siete, ya vendrá la gente. Mientras esperábamos yo leía alguno de los muchísimos papelitos colgados de un árbol navideño donde enfermos, parientes y amigos escribían frases de agradecimiento o ruegos a Dios, y me emocionaba sentir a través de estos mensajes la inmensa necesidad de alivio que hay en el mundo, necesidad de curación Esperamos entonces los últimos minutos con el pastor y con la organista frente al pequeño keyboard de niños. Pero no vino nadie más. A las 7:00 en punto, con las campanadas de la iglesia grande, el pastor se para nos saluda y celebra su misa, nos hace pasar al altarcito, consagra las 4 ostias y el vino, y los reparte entre los cuatro presentes. Christiane me dice al oído, -Después de 20 años, finalmente tenemos nuestra boda religiosa-, y se ríe. Qué situación increíble: Nosotros que no nos habíamos casado por la iglesia, estábamos ahora los dos solos parados frente al pastor y a un cuadro de Juan Bautista bautizando a Jesús (¿o es al revés?), la organista tocando su organito y nosotros recibiendo la ostia y el vino del amable pastor. Nos sentíamos como casándonos por segunda vez.
Al salir de la capillita el amable pastor me pregunta si somos evangélicos. -Sí, mi mujer es evangélica-, pero no me atreví a decirle que soy ateo rabioso, especialmente ahora en mi situación. Le digo entonces que en Sudamérica tenemos automáticamente una educación católica, y que yo por ejemplo fui a un colegio jesuita. El pastor quedó conforme con la explicación, y yo contento de no haberlo decepcionado. De todos modos me gustó la ceremonia, nos dio fuerzas y valor, y eso es lo más importante. Lo único triste para mí es que Christian, mi hijo, no haya venido y terminemos el año con ese feísimo conflicto que tuvimos hacen unos días y esa última frase que me dijo.
Al salir de la capilla pensé que ahora que estoy libre de las infusiones, no voy a volver a donde la enfermera-jefa para que continúe con la quimio, -Tengo toda la noche para la quimio-, le digo a Christiane -Escapémonos al bar frente al Max-Weber-platz, que hoy es fin de año. El único riesgo es que la enfermera-jefe me mezcle doble porción de Lasix con la quimio-. Fuimos entonces al bar, pedimos un vino y plato de salmón para los dos. Christiane está muy bonita con un aura dorada producida por una vela a su lado y además está muy excitada (lo que la hace aún más bonita) contándome las conversaciones que tuvo en el día con amigos, familiares, llamadas del Uruguay y también sobre los problemas con Christian.
-Qué época emocional tan intensiva!-, dice ella. A pesar de mi agotamiento, de no poder tomar el vino y de no poder comer del salmón pasamos unas lindas horas juntos este 31 de diciembre, juntos en este viaje, que es el más difíciles que nos ha tocado vivir.
Cuando vuelvo a mi cama en el hospital alrededor de las 9 de la noche me conectan nuevamente a las diferentes botellitas, y me decido a escribirle un SMS por medio de Internet a Christian (la única manera posible de comunicarme con él). Tengo que pensar qué le escribo con un máximo de 156 carácteres, que sea claro, que lo que escriba no nos separe aún más, sino que nos acerque. Y además tiene que resultarle fácil de leer con una botella de cerveza en la mano y en la otra el celular, dónde esté ahora festejando su fin de SMS a Christian, a quién a veces llamo Magnus, el 31 de diciembre a las 22 hs.
Querido M, te quiero, te tengo confianza, solo que es triste, que hoy en mi desgracia no hayas venido, y terminemos el año con este terrible conflicto. A.
Y así, escribiendo estas líneas en la cama del hospital con la quimio corriendo finalicé el año Pude salir a caminar temprano (7:30), el ambiente en las calles es desolado, con llovizna y viento. Las calles están sucias llenas de botellas y vasos rotos y de restos de los cohetes y petardos de fin de año. Luego de una relativamente larga caminata por el borde del Englischer Garten vuelvo al hospital y me siento en el hall de entrada para descansar. Estoy completamente agotado. Miro a mi alrededor, y soy el único paciente sentado a las 8:30 del 1 de enero en el hall de entrada del hospital. Me doy cuenta de que perdí mi gorra que me había regalado Christiane y me asusto de perder esa gorra de que mi mundo se venga más abajo todavía. -Pero ché-, pienso, -¿estás bien de la cabeza? Por una gorra no se te viene el mundo abajo-. De no sé dónde saco energías y salgo a hacer el recorrido de nuevo. En una callecita lateral encuentro la gorra en un charco de agua sucia . Me alegro de haberla encontrado, la limpio, me la pongo mojada como estaba sobre mi pelada. -Sí, todavía tengo fuerzas para luchar-, me digo y con las dos manos sobre la cabeza sosteniendo la gorra vuelvo sonriendo al hospital. Cruzo una vieja con su salchicha por el camino y oigo que le dice al perro -¿Ves, Futzi? Este es otro loco de la clínica. Como te dije ayer, la gente se vuelve más loca de lo que ya son cuando están internados-.
Al mediodía llega Victoria que había vuelto de sus vacaciones en el Uruguay a visitarme.
Como pasa muchas veces no podemos entablar un contacto que nos satisfaga a los dos.
Para qué vendrá, para qué vendré se pregunta cada uno. Me irrita sobremanera que nunca lleguemos a hablar de algo que nos toque (pienso que ella piensa que debe hablarme de cosas ajenas a mi situación para distraerme). Me hubiera interesado que me cuente cómo está un primo mío, que también está sufriendo de cáncer, y que lucha de otra manera a la mía, con optimismo, energía y garras para ganar esta batalla. Lo único que me comentó Victoria es que 'está mucho mejor' que es una frase estándar en el Uruguay que se usa cuando uno no sabe o no quiere decir nada.
Christiane viene más tarde pero estoy cansado y deprimido, entre otras cosas me deprime mi compañero de cuarto, que está muy mal. Ahora lo tranquilizaron a pastillas e inyecciones. Nos tomamos de las manos en silencio acompañados del borboteo del equipo 3.7 Un cuadro: Michael y la bella enfermera
Mi compañero de cuarto está nuevamente con dificultades respiratorias. Pasa el día luchando por cada bocanada de aira y viendo las eternas series televisivas con cocineros En la noche una enfermera de cara muy bonita que refleja bondad trata de tranquilizarlo, le da algunas inhalaciones, le habla y apaga la TV. Ella se sienta en su cama, y lo mira con compasión. Él se incorpora despacio, la mira con miedo, como rogándole algo, que quizás ella le pueda dar, él la toma de la mano y ella le acaricia la mano. Él llora muy despacio y luego se calma. Los veo a los dos, como en un cuadro, dos perfiles mirándose, iluminados por una tenue claridad de la luna a través de la ventana. En los próximos minutos se oye solamente el ruido del burbujeo del oxígeno y el agua del equipo de respiración. ¡Cómo me tranquiliza esa música! Es como si fuera la fuente de la vida en un lugar paradisíaco. Las campanas de una iglesia cercana suenan. ¡Qué paz! Ahora sí podría morir en paz. ¡Sí, así De pronto veo a Caronte, con su barcaza, cruzando la habitación. Él va remando lentamente, con una delicadeza que contrasta con la brutalidad de su presencia. Me mira y niega con la cabeza. -No, todavía no-, dice, da vuelta la cabeza y mira a Michael mientras navega silenciosamente a través de la ventana.
En la madrugada me despierto y veo que se llevan la cama con mi compañero tapado con una sábana blanca. ¡Qué soledad siento en ese momento! 3.8 Kyrie Eleison
Hoy de mañana me dieron de alta al completar el segundo ciclo de quimioterapia.
Ahora son las doce de la noche, no puedo dormir, y estoy en la sala de mi casa recostado en el sillón donde paso la mayor parte de las horas cuando no estoy en el hospital. Estoy escuchando un Kyrie de Bach donde eternamente el coro repite 'Kyrie eleison, Christo eleison' que en griego es 'Señor ten piedad, Cristo ten piedad'. Escucho la música y por primera vez entiendo lo que es un mantra. Me parece extraño que no me impaciente ni me aburra escuchando la música y observando las imágenes que mi mente produce.
Por alguna razón recuerdo que cuando tenía unos 13 años iba a visitar a mi abuela por línea materna y en verano nos sentábamos en su frondoso jardín entre malvones y jazmines, yo tomando una Coca Cola y ella su whisky doble. Una vez me recitó en inglés partes de la obra 'De Profundis', de Oscar Wilde. Por supuesto que no entendía nada pero me gustaba oír la voz de mi abuela que parecía llena de profundo sentido. No entendía tampoco porqué le interesaba a ella la vida de un filú en las frías cárceles de Londres, cuando ella vivía en una lujosa casa en Montevideo, en la otra punta del planeta.
Encuentro el comienzo de la obra de Oscar Wilde en el Internet, que de alguna manera reconozco en los límites de mi subconsciente ye incluso ahora huelo el jardín de mi abuela: "Suffering is one very long moment. We cannot divide it by seasons. We can only record its moods, and chronicle their return. With us time itself does not progress. It revolves. It seems to circle round one centre of pain. The paralysing immobility of a life every circumstance of which is regulated after an unchangeable pattern, so that we eat and drink and lie down and pray, or kneel at least for prayer, according to the inflexible laws of an iron formula: this immobile quality, that makes each dreadful day in the very minutest detail like its brother, seems to communicate itself to those external forces the very essence of whose existence is ceaseless change. Of seed-time or harvest, of the reapers bending over the corn, or the grape gatherers threading through the vines, of the grass in the orchard made white with broken blossoms or strewn with fallen fruit: of these we know Qué texto más difícil, pensé. ¡Y con esto meditaba mi abuela! Años después supimos que ya en esa época mi abuela era alcohólica. Probablemente es sus años de desesperación viendo degradarse y enloquecer a su marido, un reconocido médico oncólogo en Montevideo. Como ella me dijo una vez: un médico que a tantos curó, pero que nadie pudo ni curar ni tampoco diagnosticar el mal que le aquejaba.
Quién iba a decir que más de 35 años más tarde yo iba a meditar sobre lo que me recitó mi abuela en una calurosa noche de verano en Montevideo. Y ahora entiendo, abuela, qué era lo que te unía a Oscar Wilde: el sufrimiento y su expresión en pensamientos tan hermanos a los tuyos. ¡Qué en paz descanses, abuela! 3.9 Un pollito se va a dormir
Como ya comenté, uno de los efectos que me causa la quimioterapia es el insomnio y también el frío continuo en mis extremidades y especialmente en mi cabeza pelada. Trato entonces de organizar las interminables noches para que sean en lo posible más amenas: hasta las 12 de la noche trabajo, si puedo, programando o contestando mails. Muchas veces paso la media noche escribiendo estas notas que las escribo en alemán y en español. Luego me pongo a planchar la ropa que es una actividad que me da calor y me da la sensación de colaborar en algo con la carga de la casa. Después de planchar preparo la bañera y me quedo una media hora en el agua caliente meditando y finalmente me voy como un triste pollito a mi cama a tratar de dormir. ¿Y cómo se va el pollito a dormir? El pollito se viste para la noche un pantalón largo deportivo, un suéter, guantes de lana, medias de lana, una gorra de esquí, y finalmente una bolsa de agua caliente. El pollito se sumerge bajo las frazadas, inserta los auriculares de su MP3 player y aprieta el botón sabiendo que pasarán varias horas mirando la oscuridad con ojos grandes antes de que caiga la bendición del Sí, todas las noches oigo la Variaciones de Goldeberg por Glenn Gould y también unas exquisitas variaciones de temas de Bach de Gabriela Montero. Y nunca me aburro de escucharlas. También es interesante que J.S. Bach escribió las Variaciones de Goldberg en 1741 por encargo del Graf von Keyserlingk que sufría de insomnio. El clavicordista, J.G.
Goldberg, alumno de Bach, de la corte del Graf von Keyserlingk, tocaba la obra en algunas Y así, escuchando las Variaciones de Goldberg en su MP3 player más de 250 años después de haber sido compuesta se duerme este pollito agradecido.
3.10 C'est le ton qui fait la music
Estoy hipersensible. Reacciono exageradamente a todo: ruidos, olores y colores, programas de radio y noticias en los periódicos. Y también, claro, me afecta el talante de los que me vienen a visitar y el tono de una conversación.
Una amiga me visita y al despedirse me dice -Me alegro de verte con pensamientos positivos, haciéndoles a los médicos las preguntas que corresponden, tomando decisiones correctas. Ahora sí estás en buen camino. ¡Sigue así!-. Eso me enojó mucho. Así que ella siempre supo cuáles son las preguntas que me corresponde plantear, cuáles son las decisiones correctas, y cuál es el buen camino. Y yo recién ahora tengo el entendimiento 3.11 Christian vuelve de sus vacaciones en las montañas
Christian llega a eso de las 8 de la noche de sus vacaciones en los Alpes. Yo estaba muy preocupado cómo iba a ser nuestro encuentro después del gran conflicto que tuvimos, ya que desde ese conflicto no nos habíamos hablado y también preocupado pensando cómo podríamos encontrar un camino para poder convivir los tres en armonía bajo el mismo Yo estoy solo en mi cama. Me siento muy mal después de mi última dosis de Bleomycin.
Christiane había ido a la estación del metro a buscar a Christian y a ayudarlo con su mochila, snowboard y botas, pero él se había tomado el bus y había vuelto por otro camino. Christian toca el timbre, y como demoro en llegar a la puerta, se pone a tocar como un desesperado. Me levanto despacio, demasiado despacio, porque ya estoy enojado, y cuando finalmente llego al intercomunicador digo -¿Hola?-, y Christian grita -Hay alguien ahí que quizás se pueda dignar a abrir esta puerta de mierda!?-. No, realmente no fue un buen comienzo a una mejor relación, pensé. Me acuesto de nuevo en mi cama, me saco la gorra y espero (pienso que sería bueno impresionarlo un poco y que me vea con la cabeza pelada, para que quizás así él se dé finalmente cuenta de que realmente estoy enfermo, y en una situación grave). Lo oigo llegar arrastrando sus cosas, a puntapiés con su mochila. Tira todo con rabia en su habitación y va corriendo al baño -Ufff, casi me hago en los pantalones allá abajo cuando nadie abría la puerta-.
Luego viene a mi habitación, me da la mano, y me dice, -No acaba uno de llegar a Munich y ya estrés: primero me gritan unos turcos proletas, diciendo ahí vienen los esquiadores de mierda, y después tuve que dejar pasar un tren y tomarme un segundo metro, porque el primero estaba completo lleno de hinchas de fútbol que iban al estadio, y yo con ganas de mear!- Le digo que Christiane fue a la estación del metro a buscarlo, y que yo en mi situación no puedo levantarme tan rápidamente, -está bien-, dice Christian, y después me mira por primera vez, -Un corte de pelo de moda te hiciste, te queda bien. ¡Y ahora me voy a dar una gloriosa ducha!-, y se va al baño.
Christiane llega unos minutos más tarde y prepara la cena. Christian se sienta en mi lugar en la mesa en calzoncillos y con una revista de chistes. Yo me levanto de mi cama y me acerco a la mesa. Christiane me hace señas de que no diga nada, ella quiere cenar en armonía. Mi sistema circulatorio no está bien, me mareo y me acuesto en el piso para recuperarme. Luego de unos segundos Christiane me ayuda a levantarme. Christian ni levanta la vista de su revista. Le pido a Christian que se siente en su lugar -Está bien, hombre, pero porqué tan impaciente.-, me dice. -¿Y qué hicieron ustedes en toda esta semana?-, nos pregunta. Christiane empieza a contar. -¡Estas sopas bio son un asco!-, interrumpe Christian. No entiendo porqué siempre compras lo mismo, mamá. En el albergue comíamos mucho mejor: milanesa o pizza o pasta con salsa de tomate, todas comidas que me encantan. De mañana nos repartíamos en diferentes grupos. Unos iban al supermercado, a Aldi, a hacer las compras. Otros se ocupaban de la limpieza. Bueno con el tema de la limpieza no exagerábamos. Y otros cocinaban. No se imaginan en la noche lo delicioso que era esa cena, especialmente con el hambre que teníamos después de un día de esquí en las montañas. Un día se cayó toda la pasta con salsa y todo al suelo, la recogimos como pudimos, y ésa fue la mejor cena de todas-. -Bueno, Christian-, le dice Christiane, -aparte de la comida, ¿cómo les fue?-. -No, ahora no. Me encuentro con Anna y mis amigos dentro de media hora. Dame mi dinero semanal que ya me voy-. -Pero, Christian, recién llegas de toda una semana en el las montañas, debes de estar muy cansado-. -Sí, estoy cansadísimo, pero no hay vuelta: nos reunimos en media hora en la Münchner Freiheit. Dad, ¿me prestas tu bicicleta, o la necesitas en la noche?-, me pregunta.
-Bueno, sí, pero preferiría que vayas a pie. La acabo de traer de la bicicletería, y no quiero que te la olvides, como ya pasó una vez, en la estación de la metro con riesgo a que la roben-, contesto yo. -No, por supuesto la voy a encadenar, dame entonces las llaves también, y mañana cuando vayas a buscar tus análisis de sangre o a la farmacia, o a esas cosas que tú haces, encontrarás tu querida bicicleta en su lugar-. Le doy entonces de mala gana las llaves, se viste rápidamente y se va dando un portazo.
¡Así es la adolescencia! Como comentó un amigo, -La adolescencia es una enfermedad, caracterizada por un desequilibrio hormonal en el cerebro, lo que resulta en un desequilibrio mental y emocional. Sólo le pido a Dios que me de sabiduría para saber esperar y sangre Unas horas más tarde, después de media noche Christiane -Bueno, Christian llegó bien de sus vacaciones, cenamos en armonía y ahora nos vamos a dormir. Antes lo voy a llamar para decirle que no vuelva demasiado tarde y para que no se olvide de lavarse los dientes, que me parece que últimamente no se ocupa de sus dientes como debería-. Lo llama entonces a su celular y le pregunta dónde está. -Estamos por llegar a casa pero los gorilas nos están revisando para ver si tenemos drogas-. -¡Cómo! ¿La policía los está revisando?, - Sí, mamá, los gorilas, la policía. Si uno no es rubio y está vestido como nosotros, si usa una determinada gorra o camina de determinada manera, entonces los gorilas te detienen y te revisan. ¿no sabías eso? Es cosa de rutina para nosotros, no te preocupes-, dice Christian.
-¿Pero tienen drogas ustedes?-, pregunta Christiane asustada- No, mamá, no vamos a ser tan estúpidos de llevar marihuana encima para que tengan motivos para llevarnos a la comisaría-. -¡Pásame con el oficial!-, dice Christiane. -No, mamá, ahora están revisando a Leon, y después me toca a mí. No queremos molestar a los gorilas en su trabajo, ¿verdad?.
Y además están con caras de muy pocos amigos. En unos minutos estoy en casa, chao-, y Christiane y yo nos miramos en silencio. -A mi querida bicicleta no la voy a ver mañana en su lugar-, digo yo. -¡Pero Alejandro, están pasando cosas más importantes que tu bicicleta!-, me contesta Christiane.
Unos minutos más tarde llega Christian y dice -¡No me pregunten nada! Ya les conté todo por teléfono-, toma una barra de chocolate, va a su habitación y se tira en su cama así vestido como está. Cuando salgo del baño después de lavarme los dientes, él ya se había dormido vestido, con la luz prendida y chocolate en mano.
Hoy, un año y medio después, cuando estoy compilando estas memorias y escribiendo estas líneas, miro a través de mi recuerdo a mi hijo dormir como un angelito y pienso en todo lo que ha pasado en este año y medio. Hacen apenas unas semanas, en setiembre del 2008, fui con él al juzgado. En otro de esos controles la policía sí va a encontrar marihuana y terminamos en el juzgado municipal en un juicio por consumo de marihuana. -Después que la policía lo detuvo en abril pasado-, le pregunta la jueza a Christian, -¿sigue usted fumando marihuana?-. -No, en general no, solo de vez en cuando, cuando queremos pasarla bien-, dice Christian. -¡Su señoría!-, exclama la fiscal, -¡Esto es insólito! Dice que 'en general no' pero 'para pasarla bien sí'. Solicito que a este muchacho se le ponga en arresto. ¡Arresto, arresto!-. Luego de otros argumentos la jueza da por terminado el juicio. -¡En nombre del pueblo!-, todos no paramos -En nombre del pueblo sentencio al Christian B. a cincuenta horas de trabajo comunitario y a tres charlas con un asistente social del departamento de drogas del servicio de menores-. La jueza me mira y me dice -¿Y qué le parece a usted, que es el padre, el resultado de este juicio?-. Me tomó desprevenido esa pregunta y además estaba emocionado por la frase final de la jueza. -Me parece bien-, contesto yo.
Salimos de la sala en silencio y al bajar las escaleras del juzgado pensé que es una lástima que no haya dicho que estaba agradecido de que la jueza y los otros funcionarios se hayan tomado el tiempo de ocuparse de nuestra familia ayudándonos en nuestras dificultades familiares que no eran pocas, y que fue bueno y necesario que Christian sepa que un ciudadano tiene sus derechos en esta sociedad en la cual vivimos pero también sus deberes, y uno de ellos es acatar las leyes vigentes. Considerando que a posteriori era esto lo que tenía en el corazón y me hubiera gustado decir, fue mi respuesta bastante pobre. Pero hoy en estas líneas tengo la oportunidad de escribir lo que en su momento no supe decir.
3.12. Intento de mandarle un SMS a Christian, mi hijo
Christian está pasando una época muy mala y es imposible para mi alcanzarlo de alguna manera. En el día nos transmitimos exactamente dos frases, que en realidad ni frases son - Chao, Dad-, dice él cuando se va al colegio de mañana, -Chao-, contesto yo, y de noche a eso de las 9, cuando vuele a casa, -Hola-, -Hola-. Generalmente se encierra en su habitación, enciende la radio a todo volumen, se tira así como está en la cama y se pone a leer un libro. Por suerte no tenemos TV, un problema menos. Christiane le prepara un pan con queso y mermelada y algunas cosas sanas como cortes de banana y manzana y se lo lleva a su habitación A veces no toca la comida, y al otro día está el plato exactamente como Christiane lo dejó, sobre su mesita de luz. ¿Es una exageración pensar que está pasando una época dónde él se niega a aceptar lo que venga de nosotros, los padres?. El desayuno, que también le prepara Christiane, no lo toca y al mediodía no viene a casa. ¿De En los últimos días se ha dormido así como estaba vestido. No se limpia los dientes, no hace sus deberes ni estudia para sus pruebas. Continuamente nos llegan amonestaciones firmadas por el director del colegio por falte de deberes, falta de material de clase, e impuntualidad. Y también sus notas son pésimas, probablemente nuevamente no logre pasar de año, lo que sería una catástrofe, por su edad, porque ya en este año no está siendo exigido de acuerdo a su nivel intelectual. Todavía no sabía que un año más tarde iba a abandonar completamente sus estudios y pasar meses sin hacer nada.
Y además tenemos los problemas cotidianos: Deja el baño completamente mojado y desordenado cuando lo usa a la mañanas, usa mi toalla y la tira en una esquina (ya le expliqué que tengo que tener una toalla fresca y 'propia' por problemas de mi sistema inmunitario), su habitación es un basurero.-Ah, nos estamos sumergiendo en el caos, nuestro mundo se viene abajo-, pensé. Tampoco sabía que esto es solo el comienzo de una Hoy de mañana, antes de que se vaya al colegio, lo llamo, -Christian, tenemos que hablar de tu futuro. Tu futuro es incierto, el mío también, con la gran diferencia que yo nada puedo hacer, pero tú sí: está en ti hacer algo. Pienso que deberíamos encontrar algo que te interese de verdad, que te fascine-, -Bien, bien-, dice él, -Pero ahora tengo que ir al cole, de lo contrario llego tarde. Chao, Dad-, -Chao, Christian-. ¿Desde cuándo le importa la Me decidí a escribirle el siguiente SMS: Hola Christian, Sí, eso es: Tenemos que encontrar algo que realmente te interese. ¿Qué podría ser? Tienes que pensar sobre ello con toda tu inteligencia. Dad.
Orgulloso de mi SMS me había olvidado de la primera regla de comunicación: Antes de que mandes un mensaje, tienes que asegurarte de que el que recibe el mensaje está dispuesto a recibirlo. Hoy de mañana Christian no estaba dispuesto a oírme, y este SMS tampoco lo recibirá, más tarde me enteraré que había que había perdido su teléfono celular. Y como casi todos mis intentos, este SMS tampoco llegará a su destinatario, aunque éste en particular lo rescataré en estas memorias y no se perderá.
3.13. Tu voz está mucho mejor
Una conocida me llama desde el Uruguay, -¡Hola, Ale!-, -¡Hola, Ana!-, -¿Cómo estás? Tu voz está mucho mejor-, me dice. Yo no me puedo controlar y le contesto, -Sí, todo bien, excepto que me sangra la nariz, tengo tinnitus, taquicardia, me cuesta respirar, me están saliendo verrugas en las manos y en los pies, mi sistema circulatorio está muy mal, me cuesta levantarme, veo borroso, mis brazos y piernas no los siento, me duele el dorso, mi boca está infectada y tengo un gusto a sangre y metal continuo, nada me apetece, no puedo tragar ni tener sexo, y mi cerebro está atrofiándose día a día. Pero, aparte de eso, todo bien. Sí, mi voz está mucho mejor-.
3.14. Primer día internado para mi tercera quimioterapia
Hoy de mañana me siento bastante bien y no tengo pánico como la vez pasada, cuando empezé mi segundo ciclo de quimioterapia. A las 8:30 nos despedimos de Christian, que se está perfumando tranquilamente y peinándose con gelatina y mucho esmero antes de salir a su colegio. Seguramente va a llegar tarde como lo hace casi todos los días.
Christiane y yo tomamos un taxi al hospital y en el taxi acordamos vamos a hablar con la persona responsable de la organización de la estación en el hospital y pedir una habitación donde no corra la TV todo el día. Ya sé que es incomprensible para muchos, pero la TV me molesta y me irrita extremadamente. Me resulta insoportable tener que oír y ver estupideces por horas y horas. En caso contrario pediría una habitación individual y pagaría Antes de entrar al hospital paramos en el Back-Spiel-Haus, un café cerca del hospital, para disfrutar la intimidad de un pequeño desayuno antes de que me conecten de nuevo a las Llegamos media hora tarde a la 'cita' pero con el caos que en ese momento reinaba, daba lo mismo. Una enfermera que nos ve llegar dice, -¡Sr. B., al cuarto de espera! Todas las camas están ocupadas-, y yo le digo, -Quiero informar que deseo una habitación donde no corra la TV todo el día-, -¿Ah, si? ¿Así que usted desea condiciones especiales, como si este hospital fuera un hotel de lujo? Vaya a la sala de espera, ya aparecerá en algún momento un médico y lo discute entonces con el médico. Yo tengo otras cosas que hacer que ocuparme de pacientes que no quieren ver TV-. En la sala de espera, después de unos minutos viene la rapidita, bonita médica que me había recibido en mi primer ciclo de quimioterapia. Ella me dice, -¿Usted quiere una habitación individual?-, -Sí-, -Las dos que tenemos están ocupadas-, -¿Podría entonces ir a otra estación?-, -¿Y a cuál quiere ir?-, me pregunta con un tono irónico -A alguna vecina, la 3/6, la 3/4, la 3/3 por ejemplo-, digo yo, -¿Así que usted quiere ir a maternidad?-, me pregunta, -Si tienen una habitación individual ¿porqué no?-, le contesto, -Pero claro que no. ¡Eso no lo podemos hacer!-, -Entonces quizás me podrían dar una habitación doble, donde no corra la TV todo el día. Porque me pone mal y nervioso tener que ver y oir la TV de continuo-, insisto yo.-Tenemos solamente un habitación para tres pacientes, el problema lo tiene que discutir con sus compañero de habitación. Nos vemos más tarde, primero le vamos a poner su aguja, y después le sacaremos sangre para ver si los análisis de sangre están bien y le podemos dar hoy la dosis de quimio. A esta altura ya debe de conocer usted el procedimiento. Nos vemos más Christiane me acompaña hasta las 11 de la mañana en la sala de espera, ya que todavía no hay habitaciones libres. Christiane está muy nerviosa e impaciente y, cosa excepcional, suda. Ella tiene un día muy difícil por delante: primero sus clases, luego tomar exámenes y de noche participar como oradora en una conferencia de oradores. Le viene en mente, y esto es lo que le preocupa más, que uno de los oradores es el director del colegio de Christian. Y seguramente el director tiene varias amonestaciones contra Christian por llegar tarde, no hacer sus deberes, fumar en el colegio, etcétera. -Espero que al director no se le ocurra ahorrarse el costo del correo y me dé todas las amonestaciones juntas hoy de noche frente a todos mis colegas-, me dice. Al mediodía se va Christiane y yo sigo esperando en la Le pregunto a una enfermera dónde puedo ir al baño. -Vaya a la habitación 70, y diga que es un paciente-, me dice, -Entro en la habitación 70 y veo que hay justamente una visita médica y dos limpiadoras están limpiando la habitación. Los tres pacientes me miran con caras de pocos amigos al verme entrar. -Disculpen-, digo y salgo de la habitación. La enfermera que me ve pasar nuevamente dice -¿Ya fue al WC?-, -No, busco otro, hay demasiado movimiento en la habitación 70-, digo yo, -¡Usted sí que nos trae problemitas! Primero quiere una habitación de lujo, luego nos terroriza porque no quiere ver televisión, cuando cualquier paciente normal se alegra de poder distraerse un poco con la TV, y ahora me dice que no puede orinar porque hay 'demasiado movimiento'! Vaya abajo entonces , Sigo esperando en la sala de espera, mientras tanto me pusieron la aguja y me sacaron sangre. Más tarde a las 13:30 me decidí ir a la cafetería para tomar una Coca Cola, y también para preguntar cuáles son los siguiente pasos. Si hoy no me dan la quimio me voy a casa. La enfermera me ve salir de la sala de espera y me dice, -¡Habitación 75!-. No le entendí bien y le digo, -¿Disculpe?-, -Ya le digo: En la habitación 75 hay una cama libre.
¡Vaya ya a instalarse a su habitación!-. Busco muy nervioso en los interminables corredores la habitación 75 preguntándome ¿qué pasará ahora?, ¿quiénes serán mis compañeros de habitación con quienes conviviré los próximos cinco días?, ¿estará ya la TV encendida?.
Abro la puerta de la habitación 75 y está vacía (¿Porqué me habrán hecho esperar desde las 9:30 de la mañana?) Escojo la cama del lado de la ventan, como me aconsejó Christiane para poder ver mejor los árboles del parque y además tener más privacidad. Todavía no estoy seguro si me dan hoy o no la quimio, por eso salgo de la habitación a informarme. Me acerco a la enfermera-vigía, con quién ya tuve que ver toda la mañana, que ya me miraba con enojo al verme aparecer en el pasillo. Le pregunto entonces lo más amable que puedo, -Disculpe usted la pregunta. Quizás sepa usted si hoy se me dará o no la quimio?-, -¡Sí, claro que le dreamos la quimio! ¿O está de turista usted aquí?-, -Entonces los análisis de sangre está en orden?-, -Es lógico-, me contesta-, -de lo contrario no le daríamos la quimio, y yo no le diría que le daremos la quimio ¿Está claro el razonamiento?-.
Una hora más tarde estoy finalmente conectado al Infusomat y la quimio está goteando.
Bueno, esperé largo pero tengo finalmente mi habitación individual. En ese momento entra un médico y me dice - Sr. B., tenemos un problema. Usted tiene que mudarse de habitación, porque tenemos un caso de urgencia. Pero no necesita ocuparse de nada. Usted recuéstese traquilamente y siga escribiendo en su laptop, las enfermeras se ocuparán de todo y lo llevarán a su nueva habitación-.
Espero que ahora no aparezca la enfermera-vigía a ocuparse de transportarme, pensé.
3.15 Un sábado en el hospital
Ayer dormí bien y mis dos compañeros, con quienes me entiendo muy bien, también durmieron bien. Cuando me mudé de habitación hacen dos días y entré en la que me habían asignado, me encontré con dos ancianos bávaros, uno marcando palabras cruzadas y el otro leyendo un diario barato, la Bild-Zeitung. Nos saludamos amablemente y pensé, cómo hago ahora cuando enciendan la TV y empiecen a ver estupideces. A las 6 de la tarde no pude controlar mi curiosidad y pregunté si no veían televisión. No, ninguno de los dos tiene Me entiendo bien con mis compañeros, y nos respetamos mutuamente y aceptamos inevitables tornillitos flojos que cada uno trae después de media vida recorrida en este mundo. Por ejemplo el de las palabras cruzadas, jubilado, que había sido bombero, es muy exacto y le pone nervioso si la puerta del baño no está cerrada, o las cortinas en la noche no están exactamente en determinada posición, o algún cajón está abierto. Sabiendo esto, se puede organizar la convivencia muy bien. El bombero se levanta a su hora oficial, las 6:15, hace su programa meticuloso en el baño, luego se sienta en su cama y espera hasta las 7:00 su desayuno. ¡Y cómo se molesta si el desayuno no llega puntual!. Mientras espera prende la radio demasiado fuerte (debe de tener un poco de sordera) para oír las noticias y música bávara folclórica, pero cuando le digo si la puede bajar un poco, lo hace diciendo El otro compañero es un carpintero también jubilado. Son muy divertidos sus comentarios y cuentos salpicados de dichos bávaros que a veces no logro entender. Por ejemplo me contó un viaje de joven que hizo por Argentina, Paraguay y Brasil con muchas anécdotas interesantes y comentarios inteligentes sobre los distintos países sudamericanos que había conocido. Me dijo, -¡Increíble! Hacen más de 20 años que no hablaba sobre mi viaje de juventud y ahora, que hablo con usted, me empiezo a recordar con claridad todos estos Hoy de mañana salí a caminar al Englischer Garten, pasé por el Friedensengel y luego desayuné en un Café leyendo por segunda vez la 'La Guerra y la Paz' de Leo Tolstoi.
Mientras tomo mi café observo el libro sobre la mesa, y me llama la atención que esté tan roto y sucio. ¡Y ahora me acuerdo, es el libro gordo de Tolstoi! Con este libro aprendí alemán hacen más de 25 años cuando vine a estudiar a Munich. Lo leía todos los días en el tren rápido suburbano, la S-Bahn, en los viajes de ida y de vuelta a la universidad. Como vivía lejos del centro, tenía un viaje largo pero casi siempre conseguía asiento. Así que ponía el libro gordo de Tolstoi sobre la rodilla izquierda y el diccionario alemán-español Ya no quiero leer más, más bien pienso en algunos mails que voy a contestar cuando vuelva a mi habitación, también tengo algunas ideas para incluir en estas 'memorias', y estoy contento. También en los más hondos calabozos puede un hombre ser feliz. Este pensamiento también aparece en algún lado en el libro gordo de Tolstoi. Pero mi felicidad dura poco: Tengo que orinar y decido volver rápidamente al hospital. El catéter que conecta mi riñón con la vejiga a través del tumor está infectado y eso me trae problemas porque no puedo controlar de manera normal la vejiga. Pago entonces y me apuro. Pero el camino es demasiado largo y no llego a tiempo al baño. ¡Qué desagradable situación! Estoy ahora de nuevo conectado al Infosumat en preparación para la quimio, con el problema anterior resuelto. Ahora puedo tomarme todo el tiempo del mundo para contestar mis emails. El primer email es para mi prima Patricia, que vive en Paysandú, Uruguay.
gracias por tu email de ayer. Me gusta recibir emails tuyos, y pienso que tenemos an algún sentido una situación similar: Tú con tu divorcio y yo con mi cáncer. Los dos tenemos que reorganizar nuestras vidas, como escribiste tú, y es incierto cómo lo haremos.
Mientras escribo este email estoy conectado a las miles de infusiones que me dan en mi tratamiento quimioterapéutico y al mismo tiempo conectado a Internet por modem, así que este mensaje saldrá fresquito desde el Hospital Rechts der Isar en Munich, y tú lo recibirás en los calores de Paysandú, República Oriental del Uruguay.
Ya que me pedís que te cuente algo de Christian, te cuento mi última conversación con él dos días antes de internarme en el hospital. Hacen semanas ya que no nos hablamos, excepto un 'hola' al llegar y salir de la casa. Pero últimamente es una 'hola' a regañadientes y de mala gana. Entro en su cuarto y le digo -Christian, quiero aclarar una cosa contigo. Yo estoy pasando la época más difícil de mi vida, y.-, -Odio estas conversaciones, salí inmediatamente de mi cuarto!-, me dice él. Yo me siento en el piso, no sea que se le ocurra empujarme. Yo no tendría fuerzas para enfrentarle, porque estoy muy débil, y le digo sentado en el piso -Tú, estoy seguro, cuando pases estas crisis que estás pasando, vas a hacer algo muy lindo de tu vida. Yo en cambio me estoy preparando para la muerte-, y él se enoja, -¡Pero qué estupidez me estás diciendo! ¿Porqué ese pesimismo? Tu súper doctor profesor no sé cuanto Clemm dijo que tenés 90% de probabilidad de curación-, -Sí, ¿y qué hago con el 10% restante ? Pero eso no vine a discutir contigo. Lo que quería pedirte es que si no podés ser cariñoso conmigo, porque eso no te puedo pedir, sí te pido que seas amable, aunque estés cansado, rabioso, irritado, te pido que me contestes amablemente-, - No sé si hice bien en hablarle así, pero es como me salió. Quizás exageré con eso de que me estaba preprando para la muerte, aunque en las largas noches de insomnio pienso en Después de haber mandado el email a Patricia, veo que en mi correo electrónico mi madre también había mandado un mail, pero ya al empezar a leer me enoja y no termino de leer su mensaje. Me enojó cuando me describe cómo ella se acerca al sacerdote después de misa a pedirle consejo espiritual. Me la imagino, elegantemente vestida, con la cabeza baja y las manos juntas en posición de plegaria. Con una sonrisa le pregunta al sacerdote - Padre, ¿cuál es Misterio del Sufrimiento?-, -Señora, el sufrimiento existe para que conozcamos a Dios, nuestro Señor, y a nosotros mismos-, le contesta el sacerdote.
Ahora releyendo este párrafo no me parece mal la respuesta del sacerdote ¿Entonces qué

Source: http://www.olaf-alejandro-bergengruen.de/ae03.pdf

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